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Lunes, 07 Enero 2019 08:07

Irán, un lugar por descubrir

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Irán, un lugar por descubrir

Concha Pelayo

 

 

 

 

La Federación de Periodistas y Escritores de Turismo, FEPET, ha celebrado su Congreso Internacional en Irán, un apasionante viaje que ha reunido a un nutrido grupo de periodistas procedentes de toda España. Antes de realizar este fantástico viaje a la Antigua Persia, cuando decía a mis amigos y conocidos que iba a viajar a lugar tan remoto y desconocido, me decían que si estaba loca, que si no me daba miedo, que qué valiente era. Me decían todo lo imaginable y más. Pero ya de regreso, cuando me han preguntado, han tenido que escucharme hasta convencerles de que todos sus prejuicios sobre este país estaban completamente infundados. Hay que reconocer el daño que hacen algunos medios de difusión a algunas partes del mundo para dar una imagen completamente falsa y distorsionada.

 

Y este es el caso de Irán, un país con un nivel de desarrollo asombroso donde se pueden recorrer miles de kilómetros de autopistas, incluso atravesando desiertos; modernos aeropuertos, ciudades bellísimas donde han sabido respetar la arquitectura tradicional con la modernidad actual. Calles bien trazadas, dotadas de mobiliario urbano, jardines de ensueño y limpieza por doquier. Me llamó la atención que sólo había en el suelo las hojas de los árboles otoñales. Ausencia total de papeles, plásticos, colillas, nada de suciedad. Apenas se ve a la gente fumando. Irán es un país limpio y seguro, el sexto país más seguro del mundo y puedo dar fe de ello. Está prohibido el alcohol, con lo cual la juventud es sana y no plantea problemas de ningún tipo. Nada más poner los pies en Irán se percibe esa sensación de seguridad. Confianza absoluta al recorrer sus calles, al aproximarnos a la gente, porque, además, las gentes de este país son muy comunicativas y curiosas. Las mujeres se nos acercaban para hablar, para fotografiarse con las mujeres extranjeras. Casi todo el mundo habla inglés y la comunicación se hacía muy fácil y fluida. Capté mucha empatía con las mujeres iraníes, incluso mucho cariño. En una ocasión, nos encontrábamos en el interior de una Mezquita donde sólo permitían la entrada a mujeres y nos invitaron a compartir algún tiempo con ellas para que viéramos cómo se desarrollaban esos encuentros femeninos, totalmente vedados a los hombres. Y estando allí, mezclándonos las mujeres extranjeras con las iraníes, una joven se me acercó y me abrazó fuertemente mientras colocaba en mi mano su rosario musulmán. Me dio aquel rosario, entendí, porque quería que tuviera algo de ella, que lo llevara conmigo. Nos miramos a los ojos sin hablar pero en aquella mirada sentí algo así como un lazo intangible, un lazo secular que nos unía sin saber por qué. Guardaré ese rosario para siempre pues fue un gesto muy bonito.

 


Las mujeres de Irán, pese a vivir en un estado islámico, donde han de acatar las normas que se les imponen, sin embargo, tienen un gran protagonismo, un protagonismo que emana de ellas mismas, por su actitud, por su presencia en las calles, por su belleza y elegancia, por su seguridad. Son mujeres con gran personalidad que caminan con firmeza y miran de frente. Se intuye una especie de mando tácito femenino, silencioso, pero muy influyente en la sociedad iraní. Precisamente, pese a que su indumentaria pretendiera hacerlas pasar desapercibidas, su presencia es tal, que invisibilizan a los hombres, a los monumentos, a todo lo que las rodea .Así percibí a las mujeres iraníes.

 

Hemos recorrido las ciudades más importantes de la antigua Persia, como Shiraz, nuestro primer destino. Allí visitamos la tumba de Hafez y Saadi, poetas muy queridos en Irán y famosos en todo el mundo por su sensibilidad y por la belleza de sus trascendentales versos. Visitamos Persépolis, una ciudad antigua, tantas veces contemplada en imágenes, tanta imaginación derrochada. Isfahan, una ciudad de ensueño, famosa y muy conocida por poseer una de las plazas más bellas del mundo además de la de mayores dimensiones. Es la segunda plaza más grande el mundo después de la de Tianamen.

 

Conocimos las casas históricas de Kashán, todo un símbolo de la identidad ya desaparecida de Irán. En esta ciudad existen más de 500 de estas mansiones históricas, algunas de ellas restauradas. Muestran sus excelentes estucos y la originalidad arquitectónica. Todas estas viviendas tenían tres espacios muy diferenciados: el privado, (andaruni), el público (biruni) y el destinado al servicio. Están dotadas de excelentes jardines con estanques, porches, uno de verano y otro de invierno. Y lo que destacaba siempre era la simetría. En esta ciudad, también se pueden visitar los baños del sultán Amir Ahmad, de la era safávida, muy admirados tanto por los iraníes como por los extranjeros.

 

Yadz otra singular ciudad, está situada en el centro geográfico de Irán y es una de las ciudades más antiguas de mayor importancia histórica. Cuenta con una población de 500.000 habitantes. Su historia se remonta a 3000 años. Yazd fue centro zoroástrico durante la época safávida. Los seguidores del zoroastrismo, cuando mueren, sus cuerpos eran llevados a un lugar apartado de la ciudad, sobre una colina. Allí, en una especie de olla cavada en la tierra, dejaban a los cadáveres para que los devoraran los buitres. Los huesos eran quemados y cubiertos de cal viva. Un lugar alucinante muy visitado por los turistas. La imaginación vuela mientras se escucha el relato de los guías. A este lugar se le conoce como las Torres del Silencio.

 

Y, por fin, concluye nuestro viaje en Teherán, una populosa ciudad, inabarcable, repleta de historia y de belleza. Allí visitamos el Museo Nacional, el Palacio donde vivieron el Sha de Persia y Farah Diva, recorrimos sus estancias: salones, dormitorios, incluso pudimos ver algunos de los trajes que había vestido el matrimonio y sus hijos. Visitamos el Palacio de Golestan y el Museo de Joyas. En este museo se ve lo inimaginable; miles y miles de brillantes, esmeraldas, piedras preciosas, bellísimas joyas, coronas….el fulgor y el asombro, inenarrables. En ese lugar se comprueba la riqueza del país, la riqueza que guardan sus entrañas, el trabajo que supuso arrancarle a la tierra todas esas riquezas. La visita a este lugar, estuvo revestido de unas medidas de seguridad espectaculares. Y allí concluyó nuestra última visita a la Antigua Persia.

 

Irán es un país muy recomendable, reconocidos por la Unesco, nada menos que 23 sitios Patrimonio de la Humanidad. Algo que debe de saber el viajero es que los iraníes son islamistas persas, que nadie los confunda con los árabes. La historia se remonta a 2700 años antes de Cristo, una historia que comenzó en el sur de Irán, muy cerca de Mesopotamia.

 

Irán es el paraíso de arqueólogos de todo el mundo. Mantiene varias tribus nómadas que son muy visitadas por el turismo.
El día 25 de noviembre, coincidió nuestra estancia con el cumpleaños de Mahoma, y el país celebra su fiesta nacional.
Hay mucho que ver, mucho que aprender de este país que fue la Gran Persia.

 

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