La sala de cine estrella azul o Blauer Stern fue construida en 1870 como salón de baile, pero fue en 1917 cuando se proyectaron las primeras películas como parte de los espectáculos variados que allí se ofrecían. En los 30 ́ s se dio el siguiente paso cuando el edificio se transformó en un cine con un gran escenario que permaneció de pie luego la guerra y posguerra.

En 1987, el Stern, como es reconocido en la zona, no daba más, estaba en ruinas en medio de un Berlín recién reunido y muy conmocionado, lo que llevó a cerrar sus puertas. A principios de los 90 también bajaron sus telones los dos últimos cines del sector, el Lunik y el Tívoli, durante esta triste época de clausuras en mayor o menor medida que se estaba dando alrededor de todo Europa. 

Sin embargo el protagonista de la historia regresó en 1996, añadiendo todo tipo de comodidades del momento al antiguo edificio de Art Nouveau en donde estaba ubicado y que se respetó en todos los aspectos. Hasta 2018 han exhibido todo tipo de películas, sin embargo en la actualidad ha cambiado de dueño. Los nuevos propietarios, la empresa Yorck Kingruppe, se ha tomado la tarea de modernizarlo, alejándose de las típicas salas impersonales de los multicines para crear un espacio único al que sin duda debemos ir por lo menos una vez. 

El objetivo de la empresa era adaptar un edificio antiguo a las necesidades contemporáneas, y para esto, ampliaron la entrada con llamativo sofá de cuervo de terciopelo granate, pufs del mismo color y un cuadro con colores saturados nombrado como Lange Reise o largo viaje, de manos del artista Mechtild Van Ahlers. Enfrente, se adecuó un snack bar móvil que contrasta con los muebles del lugar. 

Fue esta obra la que marcó los colores del lugar quizá más llamativo del cine, el auditorio principal. Las paredes están recubiertas de tela estampada con patrones florales y de nubes en tonos azules y rojizos que fueron inspirados en el cuadro. El rojo es un color típico en el cine y es una característica principal del vestíbulo y del auditorio. 

Para finalizar, sobresale un detalle muy llamativo, el diseño de la iluminación LED suspendida e inspirada en las historias yeserías con forma de rombo en el techo del lugar y que es lo único que se ha podido mantener en pie de la antigua construcción. Estas mismas creadas para el proyecto y con iluminación neón que funcionan como fuente de luz y arte abstracto. Allí también se encuentran réplicas de los arcos de la entrada de la sala principal, así como también el icónico letrero exterior del Blauer Stern que ahora brilla con más potencia.