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Domingo, 29 Octubre 2017 19:02

Turismo y offshore

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Francisco Muñoz de Escalona

 

 

 

 

 

 

En mi obra de 2003 “El turismo explicado con claridad”, (LibrosEnRed. Montevideo, edición digital:

www.eumed.net/libros-gratis/2007c/310/indice.htm, 2ª parte de la obra en dos volúmenes “Autopsia del turismo”) propusimos la siguiente tipología de incentivación:

 

- La ciudad
- El campo
- De lo espontáneo a lo intencionado

 

Como se sabe, nuestra dedicación a la investigación teórica del turismo tuvo su inicio en 1985, nueve años después de la publicación de la obra de MacCannell El turista: una nueva teoría de la clase ociosa (Editorial Melusina, Barcelona 2017). Quiere decirse que tuvimos tiempo para haber conocido esta obra. De haberla conocido, nuestra aportación a la tipología de la incentivación habría recogido la que propone MacCannell, la cual habría gozado de nuestro reconocimiento más sincero.

 

Porque, la citada obra es no solo un ensayo sobre la modernidad más que sobre el turismo, por más que haya sido asumida por algunos como la primera obra dedicada a la sociología del turismo, es, también y, sobre todo, una aportación altamente valiosa sobre la atracción (incentivación, en nuestra terminología) y sobre su tipificación. Solíamos afirmar en nuestros escritos que la incentivación no recibe la atención que merece en la literatura especializada, sobre todo si la comparamos con la que recibe la facilitación, especialmente la hospitalidad (lo que precede está tomado de nuestro inminente ensayo titulado Modernity and tourism, ya en prensa)

 

Y lo traemos a colación porque acaba de caer en nuestras manos la obra del malogrado sociólogo John Urry Offshore. La deslocalización de la riqueza. En ella, el autor, a quien tanto debe el conocimiento del turismo desde el punto de vista del consumo de los movimientos masivos, estudia lo que llama offshore u offshoring términos ingleses que, en términos empresariales, se utiliza como sinónimo de deslocalización. Designa este término la actividad, por parte de empresas con sede en un determinado país, de trasladar o construir fábricas o centros de producción en otro país, donde, por lo general, esperan producir con menores costos en mano de obra, menor presión en leyes laborales, menor cantidad de normativas gubernamentales, así como con la reducción de otro tipo de costos o eventuales beneficios.

 

Si nos vamos al campo del turismo y, más específicamente al del input esencial de esta rama productiva, la incentivación, la obra de Urry desarrolla el concepto de deslocalización del placer y el ocio.

 Cruceros

 

Pero vayamos por parte. Como ya vieron con claridad los estudiosos alemanes del turismo del primer tercio del siglo XX, ha sido el vencimiento de la distancia la conquista de la modernidad que dio lugar a lo que hoy llamamos turismo. Los alemanes utilizan un término menos confuso y por eso usan la palabra Fremdenverkehr, esto es, presencia de forasteros en un lugar.

 

El turismo es, en realidad, la presencia significativa de pasajeros en lugares en los que no residen habitualmente. Hasta que no se dio esta posibilidad, insistamos, de forma masiva, porque siempre hubo lugares en los que había pasajeros, no se habló de turismo. Y esto aconteció gracias al desarrollo del ferrocarril en primer lugar y de la automoción en segundo lugar. La aviación no hizo más que intensificar el fenómeno de la presencia masiva de forasteros.

 

Y, como sabemos, estos pasajeros, a los que pronto se les llamó turistas, lo que hacían es salir de su lugar de residencia habitual, en el que disfrutaban sus vacaciones, para disfrutarlas en otros lugares generalmente distantes del primero. Si el turista es, como se ha dicho, el paradigma del consumidor neto, en la medida en la que, pasajeramente, deja de ser productor, es obvio que, gracias a las facilidades de movilidad que el desarrollo de los medios de transporte y de los servicios de hospitalidad ponen a su alcance a precios progresivamente más asequibles, puede dejar de consumir ocio en su lugar de residencia para consumirlo en lugares distantes de él.

 

Urry habla de ir a consumir ocio a otra parte, fuera del entorno habitual. Pero repárese en algo que hasta hace muy poco los lugares de ocio masivo suelen estar sujetos al imperio de la ley, el cual impone no solo el pago de impuestos a veces harto gravosos sino también y sobre todo, exigencias de la moral y de las consabidas costumbres burguesas, las cuales impiden ciertas prácticas que podrían ser deseadas por algunos pasajeros.

 

Surf 

Pues bien. Hoy es ya una realidad la galopante deslocalización de las actividades de ocio en paraísos fiscales o en espacios no sujetos a las leyes por ubicarse en alta mar, por ejemplo. No cabe descartar que, en un futuro previsible, la deslocalización alcance a la estratosfera gracias a estaciones orbitales libres de trabas económicas o morales.

 

Durante décadas han estado proliferando centros de consumo en edificios espectaculares diseñados por famosos arquitectos, grandes embarcaciones tan grandes como edificios grandes, que se mueven por aguas internaciones y que ofrecen servicios de ocio no sujetos a las leyes de cualquier país. En futuro está abierto, ya ha empezado a desarrollarse y nadie puede predecir hasta donde puede llegar en el campo del ocio deslocalizado.

 

 

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