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Sábado, 30 Septiembre 2017 10:22

El turismo en España, sus ignoradas raíces y sus ocultas sombras

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Francisco Muñoz de Escalona

 

 

 

 

 

 

La realidad turística del Reino de España presenta hoy luces y sombras, raíces y ramas que suelen pasar inadvertidas. Ayer se enarbolaban sus luces y hoy se destacan sus sombras. No hace mucho se aireaban sus ramas y se ignoraban sus raíces. Conviene ofrecer un balance de la evolución de eso que se viene llamando sector turístico de la economía española que tenga en cuenta sus perfiles sin caer en sectarismo de uno y otro signo. A eso vamos.

 

Un somero repaso de los últimos cincuenta años de nuestra historia nos podría desvelar que la llamada industria turística debe su estructura a la dictadura franquista. Hasta los años sesenta esa industria era francamente artesanal. Las llegadas de extranjeros a España eran ínfimas. Venían tan solo algunos aventureros, bastantes románticos y unos pocos escritores. Todos eran meros curiosos. Unos de su atraso, otros de sus costumbres y los demás por su singular historia, la de un país que de ser un imperio católico (universal) había caído en la postración más evidente.

 

Fueron los tecnócratas del Opus Dei quienes, aupados al Poder por el almirante Carrero Blanco, el alter ego del dictador, suplantaron a los falangistas y al mismo tiempo enchufaron la decadente economía española en la ascendente economía mundial, especialmente la europea, impulsada por la ayuda americana del Plan Marshall. Aquellos gobernantes pasaron de una economía estatalmente intervenida a otra regida por el mercado con una moneda sometida a la libertad de cambios. Con los llamados Planes de Desarrollo Económico y Social se puso en marcha la mecanización del agro, el éxodo interno del campo a las ciudades industriales y la emigración a Alemania, Francia y Suiza.

 

Al mismo tiempo se aplicaron numerosas medidas de promoción del turismo que tuvieron éxito más que por ellas mismas por la cercanía de España a unos países que estaban experimentando uno de los avances económicos y sociales más espectaculares de su historia. El Régimen, como es harto sabido, supo explotar a su favor las nuevas circunstancias, favorecidas por un cambio drástico de la demanda de las nuevas oleadas de viajeros vacacionistas extranjeros, las cuales, en su progresiva masificación, dejaron de ser aquellos curiosos de antaño para preferir las playas soleadas y el clima seco.

 

La gestión del turismo por los gobernantes de la dictadura lo convirtieron en el primer motor de desarrollo de la economía española. Hay quien cree que los efectos del turismo extranjero en la economía española son de difícil cuantificación, entre otras razones por la dificultad extrema de separar qué parte de la producción obedece estrictamente a la demanda de los turistas extranjeros. Es indiscutible, sin embargo, que el turismo extranjero aportó una fuente de financiación decisiva del crecimiento de la riqueza en España.

 Turismo feliz

Menos estudiado está el efecto del turismo extranjero en los cambios sociológicos de los españoles. Hay quien sostiene que esos cambios se deben a las “hordas” de vacacionistas extranjeros, que el espectáculo de libertad y de costumbres desinhibidas que estos daban cambiaron las costumbres y las mentalidades de los españoles, sobre todo en los sectores más jóvenes. Es discutible que el turismo sea el único factor a tener en cuenta en esos cambios, pues, junto a él, hay que ponderar los efectos indudables que han tenido el cine y la televisión.

 

En todo caso, es obvio que la presencia de jóvenes extranjeros en España, procedentes de una Europa en plena época de liberación de costumbres, de avance del inconformismo, indiferencia religiosa, emancipación de la mujer y, en una palabra, de la eclosión del mayo del 68, influyó para que la sociedad española se replanteara los valores tradicionales imperantes con respecto al matrimonio, las relaciones sexuales y el consumo de drogas.

 

La dictadura franquista solo vio en el turismo los efectos sobre la balanza de pagos y su capacidad para poner en marcha los efectos multiplicadores sobre la generación de riqueza. Ignoró o infravaloró sus efectos nocivos sobre el medio ambiente, sobre el equilibrio territorial y sobre la conservación de los recursos naturales. Solo valoró el poder del turismo para aumentar la riqueza al mismo tiempo que consolidaba ante la comunidad internacional un modelo político insostenible.

 

Hoy esta visión no se destaca. Hoy vemos las consecuencias a largo plazo de una economía de servicios que no es resultado del desarrollo industrial. Vemos también los daños en el medio ambiente. También el espectáculo reprobable que dan verdaderas hordas de veraneantes en ciertos destinos.

 

Sorprende ante este panorama que el actual Reino de España, en el que tanto se viene haciendo para superar los defectos de aquel régimen dictatorial, aún no se haya planteado cambiar un modelo turístico cuyas sombras y raíces proceden directamente de él.

 

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